
Había escuchado mucho de esta autora, muchos halagos a su literatura.
Aki Shimazahi (Gifu, Japón, 1954) vive en Montreal desde 1981 y es autora de cuatro pentalogías, cuyos libros pueden leerse separadamente. Sus obras han obtenido galardones como el Prix Ringuet, el Prix Canada-Japon, el Prix du Gouverneur Général du Canada o el Prix Asie de la Asociación de Escritores en Lengua Francesa.
En esta edición de bolso, un pequeño libro de letras grandes que enterneció mi corazón con la historia de de una pareja de ancianos que viven en una residencia de mayores. Tetsuo y Fujiko. Al largo del relato Tetsuo va descubriendo cosas sobre su matrimonio que jamás había planteado. Todo empieza a la raíz de que su mujer Fujiko, presenta un cuadro de demencia que va en aumento hasta que un día deja de reconocer al hombre que comparte habitación con ella. En este momento ella empieza a hablar de cosas y personas que Tetsuo investiga y descubre que su mujer no era feliz en su matrimonio cómo él pensaba.
Una historia sencilla, narrada por un marido que entristecido descubre que no hizo su mujer feliz, que nos hace recordar que en muchos lares pasa lo mismo, en especial en culturas donde la mujer tiene menor voz que él hombre, como es el caso de Japón. En el Oriente es muy común una voz sumisa de la mujer que fue educada para hacer las funciones del lar, de cuidar de los hijos, padres y suegros. Mientras que los hombres trabajan por largas horas para mantener la familia. Los sentimientos son ahogados, las amantes ocultadas por toda una vida, las borracheras del final del día de trabajo de los hombres es considerada como su forma de ahogar la presión del día en el trabajo. Los hombres que logran escalar puestos y responsabilidades son reconocidos entre sus familiares y considerados los mejores entre los demás. Una cultura de status, silencios, voces internas de sentimientos calladas hasta el punto de atormentar a una consciencia.
Una lectura breve, agradable y que nos hace pensar, cómo estamos haciendo nuestras vidas. ¿Permitimos que sepan que no somos felices con determinadas situaciones? No digo a la ligera, en occidente protestamos por todo, mientras que en oriente la mujer calla mucho. Creo que deberíamos busca un equilibrio entre la austeridad del oriente y la futilidad del occidente que todo es motivo para una pelea enloquecida. Como sociedad creo que perdimos el rumbo al intentar evolucionar. Perdimos los valores. Perdimos respectos que deberían ser conquistados con equilibrio, no con el ego que desea brillar más que el otro. ¿Todavía estamos a tiempo de cambiar este camino? Sí, siempre es tiempo. La gran cuestión de mi unto de vista es la polaridad que nos metimos por cuestiones de poder y política, política y poder. ¿Y a tí que te parece?
Mi puntuación: 4,5/5




















